No te asustes, pero tu móvil te está escuchando

Una conversación en un centro comercial de Andorra desencadenó una experiencia que yo no acababa de creerme. Hoy, años después, una empresa de marketing lo ha confirmado por escrito: la escucha activa de tus conversaciones privadas ya es un producto que se vende.

Lluís Serra  ·  Publicado originalmente en 2018, actualizado en mayo de 2025

Martes por la tarde, cerca de las seis, en un centro comercial de Andorra la Vella. Estaba con Tatiana Monserrat, mi compañera de departamento, esperando en la caja. Me acerqué a una estantería, cogí el último libro de Julia Navarro, leí la contraportada y le dije que era una novela magnífica; que si no sabían qué regalarme en Navidad, esas 992 páginas eran una opción perfecta.

Un detalle importante: durante la hora y media que estuvimos paseando por el centro comercial no usamos el móvil. Yo llevaba encima el teléfono con número español, que por precaución de roaming siempre mantengo en modo avión cuando estoy fuera de España. Sin conexión. Sin búsquedas. Sin interacción con ningún dispositivo.

Al llegar a la oficina, cogí el móvil andorrano, abrí Instagram y ahí estaba: un anuncio del libro «Tú no matarás» de Julia Navarro, procedente de una librería a la que no sigo en ninguna red social. Conecté el español a la wifi y verifiqué que el anuncio también aparecía en mi timeline. Normal: es el mismo perfil de Instagram. Tardé unos segundos en procesar lo que estaba viendo.

Se lo expliqué a Tatiana. Ella cogió su móvil y me propuso que si el anuncio le había salido también a ella, me regalaba el libro. Revisamos su perfil durante un buen rato. No apareció. Mala suerte para mí, aunque buena para el experimento: la escucha, al parecer, había captado mis palabras —yo era quien quería el libro— y le había mostrado el anuncio solo a mi perfil, no al suyo.

«Quien me escuchaba no entendió del todo mis palabras. Yo le pedía a Tatiana que me lo regalara, no que me lo compraría yo. Para que el anuncio fuera eficaz, tendría que haberle salido a ella.»Lluís Serra, 2018

Me quedé contento con la experiencia, porque hacía tiempo que un alumno me había contado algo parecido y yo no acababa de creerle. Ahora sí podía decir que mi móvil me escucha. Pero esto va mucho más allá del reconocimiento de voz que todos conocemos: le hablamos a Siri, al asistente de Google, pedimos información. Eso lo tenemos asumido. Lo que yo no había vivido en primera persona es que el teléfono te escuche en una conversación privada, sin que tú le hayas dicho nada.

Y tampoco tiene nada que ver con el remarketing. Esa técnica —la publicidad que te persigue después de que hayas buscado un producto en Internet— la conozco bien y funciona de forma muy diferente: necesita que tú hayas interactuado con alguna tecnología. Yo no busqué nada en Google. No pregunté a Siri. No entré en ninguna red social. Simplemente hablé con mi compañera en voz alta.

En aquel momento, lo que leí apuntaba al asistente de Google como principal sospechoso: parece ser que registra lo que hablamos aunque no se lo pidamos directamente, almacena esa información incluso sin conexión a Internet —mi teléfono estaba en modo avión—, y la envía a los servidores cuando recupera señal. Lo que sucedió en Andorra encajaba perfectamente con ese mecanismo.


Han pasado varios años desde aquella tarde. Lo que entonces parecía una teoría conspirativa o, en el mejor de los casos, un experimento anecdótico, ha empezado a tener nombre y apellidos. En 2023 saltó a los medios de comunicación el caso de Cox Media Group, un gigante estadounidense del marketing y los medios de comunicación. Lo que se filtró fue un pitch deck —una presentación para inversores— en el que la empresa describía con toda naturalidad su tecnología de «Active Listening»: escucha activa de conversaciones ambientales a través de los micrófonos integrados en smartphones, televisores inteligentes y otros dispositivos domésticos.

El objetivo declarado: identificar consumidores potenciales en tiempo real y servir publicidad dirigida basada en lo que dicen en sus conversaciones privadas. En su presentación, Cox Media Group llegaba a describir casos de uso concretos: detectar frases como «creo que necesitamos un coche más grande» o «ya es hora de que nos planteemos comprar una casa». La empresa no se andaba con rodeos: llamaba a su producto «publicidad con la eficiencia y el momento exactos».

Lo que confirmó Cox Media Group

En sus materiales de marketing, la empresa afirmaba que su tecnología podía escuchar conversaciones ambientales a través de los micrófonos de smartphones y smart TVs, usar inteligencia artificial para identificar intenciones de compra en tiempo real, y combinar esos datos de voz con datos de comportamiento digital para afinar la segmentación. Entre sus socios declarados figuraban Amazon Advertising, Google y Meta, aunque las tres empresas negaron haber participado en este programa concreto. Google llegó a retirar a Cox Media Group de su programa de partners tras salir la noticia.

La investigación periodística fue realizada por 404 Media y posteriormente amplificada por cabeceras como Variety y el New York Post. En septiembre de 2024, la senadora estadounidense Marsha Blackburn envió cartas formales a Cox Media Group, Google y Meta pidiendo explicaciones. El caso llegó al Congreso. Y los materiales de marketing, que habían sido borrados de la web de la empresa, ya circulaban libremente por Internet.

Lo llamativo del asunto no es solo lo que hace la tecnología, sino la naturalidad con la que fue presentada a potenciales clientes. No como algo ilegal o cuestionable, sino como una ventaja competitiva más. «Imagina un mundo en el que puedes leer la mente de tus clientes», decía la presentación. Esa frase lo resume todo.

Ahora bien: ¿es esto legal? La privacidad de los datos personales está regulada en Europa por el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), que exige consentimiento explícito para el tratamiento de datos sensibles. La escucha de conversaciones privadas sin consentimiento entraría en una zona gris —cuando no directamente ilegal— bajo esta normativa. En Estados Unidos, la legislación es más fragmentada y, en muchos estados, más permisiva. De ahí que un caso como este haya salido de allí.

Lo que también ha avanzado mucho desde 2018 es nuestra comprensión de los mecanismos alternativos. Hoy sabemos que las plataformas no necesitan escucharnos literalmente para lograr una segmentación sorprendentemente precisa. El llamado ID de publicidad —un identificador único asignado a cada smartphone— actúa como una huella digital que registra qué aplicaciones usas, cuánto tiempo les dedicas y con qué tipo de contenido interactúas. Con esos datos y modelos de inteligencia artificial entrenados con millones de perfiles, los algoritmos pueden predecir tus intereses con una precisión que parece escucha activa aunque no lo sea. A veces el resultado es tan exacto que la distinción entre «te escucharon» y «te modelaron» deja de importar.

En sectores donde se maneja información sensible esto no es un tema menor. Abogados, médicos, fiscalistas, periodistas o directivos que hablan de asuntos confidenciales cerca de un smartphone deberían tenerlo muy presente. No es paranoia: es gestión del riesgo.


Si quieres reducir la exposición, aquí tienes los pasos básicos para los dos sistemas operativos mayoritarios:

En Android:

Ajustes → Google → Aplicación de Google → Permisosy desactiva el acceso al micrófono.

Ajustes → Google → Búsqueda → Voz → Reconocimiento de voz, desactiva «Ok Google».

  1. Controles de actividad de tu cuenta y desactiva la actividad de voz y audio.
  2. Ajustes → Privacidad → Anuncios, selecciona «Eliminar ID de publicidad».

En iPhone:

Ajustes → Siri y Buscary desactiva «Escuchar Hey Siri» y «Permitir Siri cuando el iPhone está bloqueado».

Ajustes → Privacidad y seguridad → Micrófono, revisa qué aplicaciones tienen acceso y revoca los que no sean imprescindibles.

Ajustes → Privacidad y seguridad → Rastreo, desactiva «Permitir que las aplicaciones soliciten rastrear».

Aun así, te propongo un experimento. Durante unos días, repite una frase concreta en voz alta —cerca de tu móvil, sin escribirla ni buscarla— y observa si aparece publicidad relacionada en tus redes sociales. Elige un producto que no hayas buscado nunca. Anota los resultados. Y si quieres contármelo, puedes hacerlo en los comentarios o directamente en mis redes.

Te propongo una frase de prueba, por si te falta inspiración: «Me encantaría ir a Andorra y visitar a Lluís Serra.» 😉

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