Hace unos días Sam Altman, CEO de OpenAI, la empresa fundadora de ChatGPT, hizo una declaración que me hizo pensar: ser educado con la Inteligencia Artificial no es gratuito.
Sí, así como lo lees. Decir «por favor» y «gracias» a ChatGPT podría estar costando decenas de millones de dólares al año. ¿La razón? Cada palabra que escribimos, por muy amable que sea, requiere energía para ser procesada por los servidores. Y eso, evidentemente, tiene un coste.
No puedo evitar sonreír al imaginar la escena: Alguien, con toda su buena intención, escribe “Hola ChatGPT, ¿me podrías ayudar con esto, por favor? Gracias” pensando que así el resultado será mucho más acertado. Y al mismo tiempo, en algún lugar del mundo, un servidor se calienta, consume electricidad… y la factura energética asciende.
Pero más allá de lo anecdótico, esta noticia abre un debate más profundo y necesario: ¿deberíamos cambiar nuestra forma de interactuar con la tecnología para ahorrar recursos?
Algunos podrían pensar que sí. Que la educación y la cortesía son innecesarias cuando nos relacionamos con una máquina. Es más lógico hablar “su idioma”, en modo comando, directo, funcional. No obstante, creo que eso sería un grave error. Porque cuando decimos “buenos días” o “gracias por tu ayuda”, no lo hacemos por la máquina, sino por lo que representan estas expresiones para nosotros como humanos. Son un reflejo de nuestra educación, de los valores que nos enseñaron nuestros padres y abuelos, y por tanto, una manera de mantener vivos nuestros códigos sociales, incluso en entornos digitales.
Ahora bien, también debemos ser conscientes de que el uso masivo de estas tecnologías tiene un impacto energético real. Y eso no podemos ignorarlo. No se trata de dejar de usar Inteligencia Artificial ni de dejar de ser educados, sino de impulsar una IA más eficiente y responsable, más ecológica, más humana en su propósito. La sostenibilidad tecnológica no es solo un reto técnico, es también una decisión ética y social. Cada avance debe ir acompañado de conciencia, innovación y compromiso con el planeta.
La tecnología está cambiando nuestras vidas a una velocidad vertiginosa. Y si no somos del todo conscientes, corremos el riesgo de adaptarnos a ella perdiendo partes esenciales de lo que nos hace personas. No se trata de rechazar la innovación, sino de incorporarla en nuestras vidas sin olvidar lo importante: las personas, las emociones y los vínculos entre nosotros.
Como profesor de nuevas tecnologías y apasionado de la Inteligencia Artificial, me entusiasma el potencial que tenemos entre manos. Pero como educador, trabajando cada día con personas y firme defensor de la importancia de las relaciones humanas, considero que la verdadera revolución no está solo en lo que la tecnología es capaz de hacer, sino en los valores que nosotros decidimos conservar mientras avanzamos tecnológicamente.
Así que, la próxima vez que le digas “gracias” a ChatGPT, hazlo sin culpa. Porque aunque muchos “gracias” supongan un elevado coste energético, son detalles importantes que no debemos dejar de practicar jamás. Ni con las máquinas, ni mucho menos entre nosotros.
Artículo redactado sin la ayuda de la Inteligencia Artificial 😉
Lluís Serra
Profesor de Nuevas Tecnologías.
Conferenciante y formador en Inteligencia Artificial y relaciones humanas.
