Hace unas semanas, un empresario del sector industrial me contactó para iniciar un proceso de transformación digital en su compañía. Durante nuestra conversación telefónica, noté una gran preocupación y bloqueo mental, evidenciados en una especie de parálisis, atribuida a la vertiginosa velocidad con la que evoluciona la tecnología.
La charla se desarrolló en tres etapas. En un primer momento, el empresario expresaba inquietud y descontento al comparar la situación actual con épocas pasadas. Poco después, su tono se volvió más nervioso, mostrando incertidumbre ante un futuro poco claro. Finalmente, la ansiedad y el estrés se hicieron evidentes, afectando su vida personal y profesional, e incluso provocándole insomnio.
Decidimos reunirnos en persona para identificar las causas de este estado y explorar soluciones que le permitieran recuperar el equilibrio y la productividad en su empresa.
Diagnóstico en el entorno empresarial
Semanas más tarde, me encontré con él en las modernas instalaciones de su compañía, fundada cuando tenía 25 años y que, tras tres décadas, mostraba señales de desgaste. Aunque su edad real no coincidía con su apariencia —parecía mucho mayor, luciendo demacrado y agotado—, lo que me alertó sobre la gravedad de la situación.
Solicité información general, formulé múltiples preguntas y tomé notas detalladas sobre el funcionamiento interno de la empresa. Realicé una evaluación que me permitió crear un mapa mental de sus procesos diarios, evidenciando que la organización estaba perdiendo vitalidad. Programamos una segunda reunión para revisar mis hallazgos y definir los próximos pasos.
Análisis DAFO: Fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas
Desde mi despacho, me sumergí en un análisis interno que identificaba las debilidades y amenazas, contraponiéndolas a las fortalezas y oportunidades del sector. Este estudio DAFO permitió descubrir cómo aprovechar las oportunidades mediante las fortalezas de la empresa, minimizar las amenazas y corregir las debilidades con ajustes estratégicos.
Además, examiné los costes de producción y el servicio vinculado, y preparé un informe detallado sobre el equipo de profesionales involucrado. Presté especial atención al estado de digitalización, evaluando tanto la reputación online como la identidad digital de la compañía y sus empleados.
A través de entrevistas individuales, detecté el talento y las habilidades de cada miembro del equipo. Esto me permitió reubicar a algunos profesionales en departamentos donde sus competencias pudieran generar resultados más efectivos y aportar valor a corto plazo.
Reestructuración de procesos y protocolos de actuación
El análisis de los procesos internos evidenció la necesidad de definir protocolos claros en términos de tiempos, recursos y responsabilidades. La ausencia de metodologías establecidas fomentaba la improvisación en cada departamento, generando duplicidades y pérdida de tiempo. Por ello, rediseñé varios procesos, realicé reubicaciones estratégicas y establecí protocolos de actuación que, con el tiempo, se consolidarían como la nueva metodología de trabajo.
De igual manera, analicé el entorno externo —mercado, proveedores y competencia—, información fundamental para diseñar un plan estratégico robusto.
Tecnología y herramientas digitales
En una segunda reunión, evaluamos si la infraestructura tecnológica era la adecuada para soportar el proceso de digitalización. Descubrimos que el ERP (Enterprise Resource Planning) y el CRM (Customer Relationship Management) compartían la misma plataforma, pero no se comunicaban con la reciente solución de comercio electrónico. Además, la falta de un blog corporativo y la inadaptabilidad del software de eCommerce para dispositivos móviles eran aspectos a mejorar.
El diagnóstico concluyó que la empresa debía reestructurar algunos procesos, establecer protocolos operativos precisos, potenciar el talento interno y reforzar su reputación e identidad digital. También se sugirió la incorporación de una herramienta de Business Intelligence que, en el futuro, le permita optimizar sus procesos sin depender de consultorías externas.
Lo más urgente es que el director general supere esa parálisis emocional y lidere el cambio necesario para devolver a la empresa su posición en el mercado. Un plan estratégico sólido, junto con un plan de implementación bien definido, son esenciales para revitalizar la operatividad de la compañía.
Reflexión final
¿En qué situación se encuentra tu empresa? ¿Has realizado un diagnóstico integral de sus procesos y funcionamiento? En un entorno de transformación digital constante, es vital adaptarse y aprovechar las oportunidades tecnológicas para seguir siendo competitivos.
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